¿Qué hora es?

Parece una pregunta completamente regular.  He aquí un ejemplo de una pregunta perfectamente normal y legítima.  ¿Cuántas veces escuchamos esta pregunta a diario?  Probablemente muchas.  Es claro que saber la hora es algo importante, pero ¿qué cuesta tener un reloj?

Parecería suficientemente fácil simplemente mirar su reloj y contestarle al preguntón la hora… pero hagamos una observación más meticulosa.  Busquemos la posible irracionalidad detrás de una acción aparentemente inofensiva.

 Al escuchar una pregunta como esta, miremos alrededor del lugar en el que estamos.  Enfoquemos nuestra atención a las paredes, en donde usualmente encontramos algún tipo de reloj.  Es probable que encontremos un reloj que nuestro preguntón no haya visto.  Pero, consideremos que tal vez no haya reloj en ninguna de las paredes.  Aun así, todavía no se salva nuestro preguntón.

Si prestamos atención a las prendas del preguntón (particularmente sus brazos) podríamos encontrar un reloj.  Pero claro, no todos lo usamos.  Y aquellos que los tienen no preguntan la hora ¿verdad?  No obstante, el preguntón no esta a salvo todavía.

No siempre es fácil saberlo, pero mucha gente tiene teléfonos celulares.  Una peculiaridad de estos aparatos es que nos dicen la hora y la fecha.  Por supuesto, pensarán que no todos tenemos celulares y los que los tienen no preguntan la hora ¿verdad?

Así que la pregunta tiene sentido cuando la hace alguien que no usa reloj y no tiene teléfono celular que se encuentra en un lugar sin relojes públicos.

La verdad es que en muchas ocasiones la pregunta es el resultado de la vagancia.  La hacen los vagos, malacostumbrados a que le hagan las cosas, por no pasar el trabajo de mirar ellos mismos.  He visto personas preguntar la hora teniendo un reloj a tres o cuatro pies de su cara en la pared.  También los he visto preguntar ,y únicamente al no recibir respuesta, sacan su celular para mirar la hora.

No hay nada malo en ayudar a los demás.  Contestar una simple pregunta debe ser un acto beneficioso para l6s demás.  El problema se encuentra cuando contestar una simple pregunta cumple la función de alimentar la enfermedad abusiva, y  a su vez patética, del vago.

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