Una triste realidad

Recuerdo que en mi adolescencia estar enamorado de mi tierra.  Leía, escribía y le dedicaba canciones a Puerto Rico.  Soñaba con el ideal de lo que podía ser Puerto Rico.  En mis días de Bachillerato, seguía soñando con la belleza de mi isla.  Le dedicaba poesías, canciones y luchas de una juventud idealista.  Dedicaba un gran esfuerzo imaginando la grandeza de una isla tan hermosa y tan llena de potencial.

Con el tiempo, comencé a ver cosas que no me gustaban.  Entraban en mi corazón espinas que provocaban inmenso dolor.  Las canciones no las estaban escuchando.  Las luchas terminaban destruidas.  El problema era la gente.  Nuestro amor por nuestra isla era refutado por la ignorancia de otros.  Aquellos por quienes luchábamos, resistían los esfuerzos con ciego masoquismo.  Los sueños desaparecían ante la niebla de conformismo, miedo y egoísmo.

Lamentablemente somos nosotros mismo quienes nos destruimos.  La gente se insulta por creer en partidos diferentes.  Lo que no ven es que, si nos mantenemos separados, NUNCA funcionaremos… no importa la ideología o el estatus.  Si no cambiamos nosotros, no saldremos del boquete.

La ironía nos rodea.  Yo estudie y me prepare para ser una diferencia en mi Puerto Rico.  Me eduque para contribuir al crecimiento de nuestra sociedad.  Irónicamente, he recibido rechazo por ser educado.  Recibo desprecio por decir la verdad.  Recibo insultos por querer que los puertorriqueños hagamos lo correcto. 

Y que soy yo… un Psicólogo Industrial que no consigue trabajo en su propio país.  Me dedico a ser maestro con un salario injustamente bajo, en el cual me encuentro, cara a cara, con el futuro de este país perdiendo el tiempo en vagancia y malas costumbres.  Como muchos otros, me he visto aceptando una oferta de empleo “allá afuera” porque aquí no hay mas nada.  Soy producto de esta tierra y el fruto de mi esfuerzo lo vera “el otro”.

Si nuestro país (nuestra gente) no cambia, seguiremos perdiendo el talento humano y se quedaran los ineptos mal administrando a las masas silenciosas.

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One Response to Una triste realidad

  1. Nitza dice:

    Yo tambien resiento el conformismo y egocentrismo del cual somos parte. Me da muchisima pena por la gente que quiero y que se queda luchando en esta isla con la unica esperanza de que ocurra un cambio o tal vez un “milagro”…

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